domingo, 14 de diciembre de 2008

filosofía y poesía

TRABAJO ZAMBRANO-STEVENS

En el libro III República Platón en boca de Sócrates plantea el exilio para el hombre/poeta capacitado por la inteligencia para adoptar cualquiera forma e imitar todas las cosas en forma de poemas. Ante la innegable maestría del poeta, Platón sugiere recompensarle y alabarle como un Dios para después reexpedirle con destino a otra ciudad, otra ciudad desprovista de la luz de la filosofía.

III libro de la República, Sócrates a Glaucón. Platón.

¿Qué atributo del poeta, el maestro de la fabulación y las formas, preocupa a Platón, para llevarle a su inapelable decisión de exiliarlo? ¿Dónde radica esa esencial escisión del hombre filósofo y el hombre poeta?

En 1950 Wallace Stevens escribe un poema de 31 cantos titulado, An ordinary evening in New Haven donde el poeta dialoga pausadamente con la filosofía y su búsqueda de realidad. En uno de los primeros versos escribe;

El profesor Eucalypto dijo; la búsqueda

de la verdad es tan transcendental como

la búsqueda de Diós. “ Es la búsqueda del filósofo

para encontrar un interior hecho exterior

y la búsqueda del poeta de ese mismo exterior

hecho interior: cosas sin aliento despertadas a la respiración

por las inhalaciones del frío original

y la alborada originaria.

Todo empezó con el asombro. Harold Bloom define el asombro como fenómeno originario de la poesía y del pensamiento filosófico. La bifurcación acontece después. En Filosofía y Poesía Zambrano relata la historia de un ente pensador que ante el pasmo inicial de lo inmediato, el asombro, se arranca de la realidad para racionalizar, teorizar, aportar respuestas, llegar a otra cosa, una cosa que está más allá, en ese mundo de las ideas que persigue mediante el esfuerzo del pensamiento metódico y el ascetismo. Según Zambrano este arrancarse de la realidad es una violencia que separa al hombre de su entorno. El poeta no sufre esta violencia, su principal afán no es separarse de la realidad sino empaparse de ella, captarla en toda su plenitud y en todo su misterio y con todas sus ficciones, sin violencia, sin querer nombrarla mas que en la infinitud de sus mascaras para después mediante el trabajo, la lucidez y la palabra, hacerla suya. Mientras el filosofo huye de las sombras de la caverna el poeta se abraza a ellas, las seduce, se deja embaucar por ellas, crea nuevas, baila con sus reflejos, dialoga con ellas y las ama. El poeta quiere hacerse interior un exterior misterioso e inabarcable mientras el filósofo busca dominarlo, se propone conquistar la realidad y su verdadero ser en las campañas bélicas de su interior.

Wallace Stevens escribe;

La realidad como una cosa vista en la mente

no es lo que es sino lo que es prendido

un espejo, un lago de reflejos en una habitación,

un océano de cristal a los pies de una puerta,

una gran ciudad colgada en pendiente de una sombra,

una nación enorme dentro de un estilo,

toda tan irreal como irreal como puede ser lo real.

Con toda seguridad Wallace Stevens, a pesar de haber sido un miembro venerado de la sociedad norteamericana de los años 40 y 50, no hubiese conseguido el sello de aprobación Platónico para incorporarse a su república. Este poema, según el planteamiento Platónico, podría entenderse como una exaltación de los poderes creadores de la imaginación, un hacer del mundo mediante la poesía, un alejarse de la realidad en tres movimientos, una copia subjetiva de la copia de la sombra, un engaño. En la pagina 30 de Filosofía y poesía, Zambrano comenta; “ ...para Platón, en realidad, la poesía no es que sea una mentira, sino que es la mentira. Sólo la poesía tiene el poder de mentir, porque sólo ella tiene el poder para escapar a la fuerza del ser.” Ese ser que era la reintegración del hombre a su origen, reintegración mediante la razón y la verdad, mediante la realidad que se revela al hombre paciente pensador que lo libera de la oscuridad de la ceguera enloquecida de las sombras, de la necedad de la era del derrumbamiento. Esa verdad liberadora que era el optimismo, el faro de la humanidad, la llama del hombre, ese afán por llegar a la realidad que es una, compacta, sin poros, universal. Esa razón que también era justicia, esa justicia que justifica el exilio del poeta, ese no-ser que vaga la ciudad dándole voz tanto a los dioses como a sus propios demonios. Ese no-ser que rechaza la unidad, que sigue derrumbándose con cada perdida, con cada encuentro, ese no-ser perennemente en estreno en el teatro de los fantasmas, ese sujeto que como dice T.S Eliot insiste en esa extinción continua de su personalidad.”

Sin embargo como comenta Zambrano; Vivir es delirar y solo el estado de estupefacción del poeta, su abandono a lo otro, su denuncia del poder, su resistencia a la razón metódica, consigue desplazar el lenguaje a nuevos campos de expresividad donde el mundo y el submundo se revelarán con sus mil y un espejos. En el canto 31 Stevens escribe;

No es la asunción que la realidad

es un sólido. Quizás sea una sombra que atraviese

el polvo, un impulso que atraviese una sombra.

Zambrano escribe; El poeta .... entrevee algo en la niebla y a esto que entrevee es fiel hasta la muerte.

Al filósofo no le basta esta niebla, esta aprensión borrosa de la realidad, él basa su mundo en la dialéctica, en el lenguaje, en la palabra, en construir un templo de conceptos y edificaciones retóricas para proveer privilegiada seguridad a su religión del pensamiento, a su religión del descubrimiento, de la verdad. El poeta no tiene religión. El poeta si pregunta es porque el hombre pregunta, porque es preso de la música de la duda. No por encontrarse, no por decidirse a apostar por la respuesta. Por eso el poeta no se decide ni por la realidad ni por su imaginación y las dota con la misma importancia ontológica. El poeta sabe que la realidad se resiste a la razón pero también a sus sentidos, su sueño creador vence a la palabra pero también se sirve de ella. Por eso el poeta, el de verdad sigue errante y solitario, sin tomar partido. Zambrano dice, El poeta jamás a querido tomar una decisión y cuando lo ha hecho ha sido para dejar de ser poeta. Así el poeta se mantendrá a salvo, a salvo de la dictadura de las ideas pero abandonado a la tormenta del mundo y la existencia, para hablar de aquello que la razón ha desechado y callar sobre aquello que del pensamiento brota. Sólo el poeta en espera, no de alzarse hacía la verdad sino convencido de tener también que ser poseído por la mentira, podrá ser filtro de ese misterio de universo que el filósofo con impaciente afán espera. Porque el poeta unifica lo inconcebible y lo misterioso con lo textual, con lo escrito. Conoce el logos por lo que es, por su hechizo, por su jardín encantado de espinas y cables pero no se limita a él. El poeta fabrica, según Stevens, vestidos de seda con los gusanos de las palabras.

Porque el poeta no se contiene, usa su cuerpo como embudo, despierta sus sentidos, los remueve, los estremece y a diferencia del filósofo no busca la seguridad de conocer el funcionamiento, la verdad, el más allá. Porque el verdadero poeta no está interesado en la verdad, porque para él la realidad es un inmenso espejo hecho pedazos, cada reflejo, cada visión, cada percepción merece su atención, su esfuerzo creativo. Zambrano dice; Todo poeta es mártir de la poesía, Stevens dice; A la larga la verdad carece de importancia. Quizás fuera está clarividencia que a Platón preocupaba, quizás este presentimiento rondaba sus entrañas y quizás como ha ocurrido en diversas fases del trayecto, el hombre reniega del poeta para poder creerse y crearse a sí mismo.

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