viernes, 28 de noviembre de 2008

el ocaso de los centavos

El Ocaso de los dos centavos

En mis sentidos no,

el ocaso poliédrico se desenfunda

a pesar de mí,

un palco, el sillín aterciopelado

que importa que estés vencido,

cansino y arruinado bajo las sábanas,

una fábula creadora diseña tus mosaicos.

Digamos que la razón vino luego,

justo después del deslumbramiento,

Chagall andaba despistado

pensaba en formas geométricas y caballos verdes,

muy en vano tremolaban sus vértebras,

hizo lo que tú,

se abandono al origen del comienzo.

-El paraíso,

no está perdido,

abusas dél paraíso,

la perdición

de aquel que en todo

se pierde-.

Esto dijo, mientras la mujer,

una mujer polifónica y rubia,

acariciaba sus piernas

como si de un signo se tratase,

eclesiástico ,

entonces dibujó un crepúsculo,

algo así como un silencio largo,

mientras contabas tú los centavos,

como Jenny la de los piratas,

por seguir a Byron, Shelley, Keats.

-Es muy simple-dijo ella,

-Kant tenia un gusto horrible

por el arte

por eso hablaba tanto.-

Después Monet nubló un río

que fluía bajo un puente,

y el O

que dibujó en la boca del ministro

perdura

aun si actualmente se prefiere el botox

y una simulación de grandes pechos.

Creo en la inocencia,

un cuero que cada día

me voy quitando,

como si cada verso,

para silenciar la plegaria,

fuese eco de sí mismo,

así lo dijo Heráclito,

la verdad solo existe

como correa de la muerte.

Si quieres escribir,

sacrifica tu nombre,

da lugar al milagro,

y si alguna vez has tenido

vecino a dios el oído,

escribe y si no, ¡calla perro!

que aun retumban tus ladridos.

El ocaso poliédrico se desenfunda,

mientras luchas con lo innombrable

por pagar el alquiler.

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